Sin el mercado la filantropía navega sola. Y sola no llega lejos.
Buscar recursos hoy no es un asunto procedimental. Se parece menos a "convencer" y más a "conectar".
Para lograr esas conexiones, el primer paso es reconocer que los grandes desafíos de la sociedad desbordan la capacidad de cualquiera de los actores involucrados. El segundo es identificar quiénes (no solo aliados) tienen intereses relacionados con la parte del sistema que se desea cambiar. Esta mirada de sistemas es muy relevante para el sector privado empresarial, principalmente por las dependencias, riesgos y oportunidades que se expresan en las cadenas de valor de los negocios.
Hace pocos días conversé con una organización del Caribe colombiano, que desea, a través de la renovación de uno de los museos de su ciudad, proponer una reflexión sobre nuevas formas de esclavitud. Cuando aplicamos la lógica sistémica a la búsqueda de recursos, identificamos la pertinencia del proyecto para las agencias de viaje y los hoteles de la ciudad.No se trata sólo de un tema humanitario. Tiene que ver con la reputación, con la cotización de la marca y con el compromiso ético de compañías que comprenden la trata de personas con fines de explotación sexual como una amenaza relevante para su negocio y, por lo tanto, para su sostenibilidad.
Otro ejemplo útil para nuestros países: el auge reciente del turismo cultural y de naturaleza depende no sólo del entendimiento del mercado y de buenos modelos financieros, sino, sobre todo, de escenarios naturales bellos y bien preservados y de un trabajo mano a mano con las comunidades y los saberes locales. Por eso no es extraño que hoy sea posible encontrar financiación para la conservación de la biodiversidad y el rescate del patrimonio inmaterial enfondos de inversión de infraestructura del sector turístico, que incluyen componentes de conservación y trabajo comunitario como parte de su tesis de inversión.
Enfatizo en la necesidad de canalizar las fuerzas del mercado para el logro de los desafíos relevantes para la sociedad y de tener diálogos claros sobre intereses. Esta es justamente la propuesta que ha hecho Jacqueline Novogratz a través de su organización, Acumen. Como ella misma lo planteó: “charity alone doesn't solve problems of poverty, nor does the marketalone” (“la caridad por sí sola no resuelve los problemas de la pobreza, y el mercado tampoco lo hace por sí solo”) (Novogratz, en Forbes, 2009).
La falta de esta visión es, justamente, una de las limitaciones principales de las organizaciones sociales. Se aíslan de los actores económicos considerando que sus propósitos son totalmente distintos a la lógica del mercado. Este es un error estratégico, porque -sin que ello suponga una visión cándida o acrítica sobre el rol del capital privado-, en el mercado puede estar no sólo un financiador, sino un aliado poderoso. Esta invitación no es nueva: ya en 2015, la Agenda de Acción de Addis Abeba de Naciones Unidas llamó explícitamente a que las empresas se involucraran como socias del proceso de desarrollo (Naciones Unidas, 2015).
Reconocer esta lógica es apenas el comienzo; la continuación es traducirla en mecanismos concretos. Consideremos dos reflexiones.
La primera se relaciona con el capital “a pérdida”. No es cierto que el mercado siempre financie con expectativas de retorno. Los inversionistas denominados ángel y de riesgo han apoyado diversos emprendimientos que no logran concretar sus promesas. En esos casos, el financiador absorbe el riesgo porque cree que, cuando es exitoso, un “negocio” puede financiar las pérdidas de la búsqueda de nuevos modelos. Es lo que también se denomina “capital catalítico”, consistente en inversiones que “preparan” desembolsos posteriores, que aprestan las capacidades de las organizaciones y/o que se entregan para generar un ecosistema posterior.
El verdadero problema de muchas organizaciones es que nunca están en condiciones de “pasar al siguiente nivel” y asumen como mecanismo principal de financiamiento los grantsno reembolsables. No podemos olvidar que un grant es un pasivo: un dinero que hay que ejecutar y, en muchos casos, retornar, cuando la ejecución no ha sido plena. La mayoría de los grants no admiten ganancias, no financian sostenimiento básico y exigen exiguas cuotas de administración. La lógica es que el recurso se use principalmente en desarrollo del objeto social, lo cual es positivo, como concepto general, pero conspira contra la autonomía.
En la lógica del mercado, la inversión a “pérdida” es para las etapas tempranas, para la innovación y/o el escalamiento. Nunca es la estrategia principal de financiación. Esto es, en esencia, lo que la OCDE denomina “adicionalidad” y “concesionalidad” en sus Principios de Blended Finance para movilizar financiamiento comercial hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible: el uso de capital concesional (o catalítico) solo se justifica cuando cataliza inversión privada que de otro modo no llegaría, y debe emplearse en la mínima medida necesaria para corregir una falla de mercado específica, no como estrategia permanente de financiación (OCDE, 2020).
La segunda reflexión es sobre instrumentos, y aquí quiero destacar aquellos que se asemejan a los Fondos de Inversión, que son vehículos de financiamiento en los que se “junta” capital para desarrollar proyectos. Los fondos tienen una lógica que se puede aplicar al contexto de la financiación de causas sociales, Esta consiste en que un gestor asume la curaduría de un portafolio de proyectos y la gerencia de los fondos entregados por terceros.
En este modelo se logran economías de escala, tanto en la recolección como en la dispersión de los recursos, y se habilita la confluencia de distintas fuentes. Lo que hoy conocemos en inglés como blended finance tiene, de hecho, nombre propio en español desde 2015: la “financiación combinada” que la Agenda de Acción de Addis Abeba definió como la combinación de finanzas públicas en condiciones favorables con financiación privada en condiciones ordinarias, para movilizar recursos adicionales del sector privado hacia sectores clave del desarrollo (Naciones Unidas, 2015).
Un modelo de esa naturaleza es el que pronto lanzaremos en CoCrea, una entidad mixta colombiana que promueve la inversión en cultura y que gestiona un potente incentivo tributario para la economía cultural y creativa. En los mecanismos normales, cuando hay un financiador por proyecto, muchos artistas, emprendimientos y organizaciones no logran acceder a recursos por problemas varios, entre ellos la brecha que existe entre las comunidades y los inversionistas y la falta de información. En un fondo como el que hemos diseñado, los recursos se agregan y se canalizan con criterios de equidad y eficiencia.
Colombia dio recientemente un paso que pocos países de la región han dado: construir una estrategia nacional de filantropía. Con diagnóstico empírico, mecanismos operativos concretos y una meta cuantificada (pasar del 0.04% al 0.5% del mercado filantrópico global en diez años) la Agencia Presidencial de Cooperación invita a actuar de manera estratégica y ordenada. Es una urgencia de toda la región.
En ese contexto, mi llamado es a que esa conversación no se dé solo desde la filantropía tradicional o desde la mirada de los Estados. Es necesario integrar con inteligencia las fuerzas del mercado. No como sustituto de una cooperación en replanteamiento, sino como un aliado con el que hay que aprender a conversar, de manera constructiva, con reglas claras y sin ingenuidad.
Fuentes citadas: OCDE (2020), Blended Finance Principles Guidance, DCD/DAC(2020)42/FINAL, Development Co-operation Directorate, Development Assistance Committee, 29 de septiembre de 2020. Naciones Unidas, Asamblea General (2015), Agenda de Acción de Addis Abeba de la Tercera Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, resolución A/RES/69/313, 27 de julio de 2015. Novogratz, J., “Novogratz: Patient, Intelligent Investing”, entrevista, Forbes, 29 de mayo de 2009, https://www.forbes.com/2009/05/29/novogratz-acumen-patient-intelligent-investing-capital.html





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